Ya suponía que esta semana sería complicada para mis propósitos. Los primeros dos días localicé a gente que me interesa entrevistar, pero quien no se va le vienen.

Así que decidí tomarme yo también unas vacaciones. ¿Qué pasa? ¿A qué vienen esas sonrisas burlonas? ¿Es que viajar no cansa?
Esta semana me he movido tan poco que un par de días no he llegado a salir del hotel. Debo aclarar que me ha echado para atrás el viento. Dicen que es la principal característica del clima patagónico, pero también me han dicho que en esta época no es normal que sople todos los días y con tanta intensidad. También es mala suerte que me lloviese casi todos los días que estuve en Bs As, según decían nada normal. Si es que arrastro yo el mal tiempo, no quiero pensar el invierno que me espera más al sur. Lo curioso es que este viento feroz, que ruge o grita según donde lo escuches, se calmaba siempre durante unas pocas horas de la tarde, como si se fuese a echar la siesta. También ha traído lluvias torrenciales, de las que duran poco pero dan miedo, y cada noche es algo más fresca.
La verdad es que en este hotel (modesto y centenario) me siento muy cómodo. He comenzado a tener largas conversaciones con el hijo de la propietaria y con un huésped permanente que lleva la logística de barcos pesqueros. Les pregunto y aprendo cosas. Es un hospedaje tan apacible como el pueblo, aunque una noche me tocó aguantar un broncón. No llegué a ver las caras de la pareja protagonista, que ocupaba la habitación de al lado. A la hora de la siesta hicieron el amor con ayes de placer, y a la medianoche lo deshicieron con gritos de ira. A cada uno se le escuchaba bien una única frase, ella repetía entre llantos: “hijo de puta”, y él sólo clamaba: “pues dejame, dejame ya” (pronúnciese sin acento esdrújulo). Y eso es lo que ella hizo al día siguiente, marcharse, creo que sola. Las dos horas de bronca que estuve en vela me sirvió para recordar, con ejemplos propios, lo contradictorio e inestable que es a menudo el amor.

(La casita blanca del centro es el hotel donde estoy. Y lo que se ve en la foto anterior es el muelle desde donde hice esta foto)
Sé que debería contar cosas de Camarones, pero como pienso estar más tiempo ya lo haré. De momento prefiero apoyarme una vez más en los comentarios de Silvina. (Por cierto, fue Hernán quien me recomendó venir aquí. Gracias colega)
Dices que las nuevas razas de perros es otro invento argentino, pero realmente aquí hay tanta mezcla que podríamos considerar a ustedes mismos una raza aparte. Si bien es raro quien no conozca los dispares orígenes de abuelos o bisabuelos. Te pueden decir que tenían un abuelo gallego y el otro polaco, una abuela calabresa y la otra guaraní. Aquí toda mezcla es posible, así puedes ver en una misma familia rostros pálidos y pieles renegridas. De ahí el viejo chiste: los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos. No me extraña que no les importe hacer lo mismo con los perros.
Conocía desde hace tiempo la animadversión entre chilenos y argentinos. Estos culpan a los otros de haber querido robar siempre partes de su territorio, sobre todo en Patagonia.

Hoy mismo me decía un chubutense que los chilenos son hermanos latinoamericanos, pero un hermano traidor, pues gracias a San Martín (padre, como Bolivar, de una familia mal avenida) consiguieron su independencia, y luego no han pensado más que en robarles. ¡Pobres chilenos, qué cerca del mar les quedaron los Andes! Supongo que los argentinos hicieron bien en no dejarse robar ni un palmo más de la Patagonia, así los polirateros de turno han podido enriquecerse más y mejor vendiéndosela parcelada a europeos y norteamericanos. Los pueblos, como el amor, están llenos de contradicciones.
También con los chilenos está el problema del idioma, les recriminan que no se les entienda nada cuando hablan. Al cabo va a resultar que lo del idioma común no es más que otra confusión. Como tú dices, de estar por acá conseguiré hablar en perfecto español. Y sí, en ello estoy desde hace muchos años aunque sea un reto desmesurado, pues hablar en perfecto español sería, para mí, comprender todos los modismos que se conozcan de mi idioma.

¡Ah! Se me olvidaba. No conozco ningún otro lugar con 1200 habitantes y sólo 2 hoteles donde haya una oficina de turismo que, además, cierra a las 8 de la tarde. Incluso se ven pocos turistas en plena Semana Santa. Quieren promocionar el pueblo y han empezado por ahí, luego ya se verá cuándo hay dinero para arreglar las vías de acceso.
Por favor, Silvina, no dejes de meter tus sabrosos comentarios, ya ves que dan mucho juego, incluso a Bea. Como ella dice, esto parece un folletín por entregas, pero hay entregas que no hacen avanzar la historia porque son sólo de transición, como esta semana.
(Estaba retratando este horroroso monumento que representa a un gran salmón, con un letrero detrás que dice: Capital Nacional del Salmón, cuando apareció este grupo, se treparon encima y me pidieron una foto. A nadie le importa que lo pisoteen porque todos saben que salió demasiado caro para lo que es)
Me dicen, y he visto, que las fotos se ven oscuras, aunque en el original están bien. No las haré todas cortas para que aquí se vean mejor. Si alguien sabe cómo resolverlo que me lo cuente, pero tampoco tiene mayor importancia.