domingo, 18 de mayo de 2008

Nieva en el sur del Sur

Cuando aún estaba en Camarones hablé por teléfono con mi madre, le dije que había comenzado el frío y que en unos días salía para el sur. Ella, sin pararse a pensarlo, respondió con alegría: “¡Ah, bueno! En el sur siempre hace más calorcito”. Se dio cuenta enseguida, en cuanto dije que yo ya estaba bastante al sur. Y aquí, en el sur habitado más al sur del mundo, esta semana ha caído una gran nevada. Aunque dicen que sólo es un aviso, que las buenas caerán a comienzos de junio, pero creo que gran parte de la recién caída ya no se descongela en todo el invierno. El miércoles amaneció con las calles cubiertas de hielo, sin haber nevado aún. Ese día salí más o menos temprano (aquí amanece ahora sobre las 9 y el sol, más que salir, parece como si rebotara entre los picos del norte). Tuve que subir una cuesta y pensé que necesitaría crampones y piolet para conseguirlo, al final aproveché un momento que no venían autos para seguir sus huellas. Después, para bajar, menos mal que tengo los pies grandes y sé esquiar. Esa noche comenzó a nevar. No podía dormir y a las 2 AM me puse a experimentar fotos desde las ventanas de mi habitación. (Aquí están las dos que más me han gustado). También aproveché el insomnio para decidir qué quiero hacer en las próximas semanas, y ya lo tengo claro. Bueno, todo lo claro que llego a tener este tipo de decisiones…
El jueves amaneció con una capa blanca sobre Ushuaia y en cambio el cielo estaba despejado, algo que avisaron no sucedería ni viernes ni sábado. Había estado esperando a que nevase para ir al Parque Nacional Tierra del Fuego y ese era el día perfecto. Más aún que el mar me gusta ver montañas, y si están cubiertas de nieve mucho mejor. Aquí en Ushuaia se mezcla todo eso divinamente. La primera foto se la hice a la Posada nada más salir, una de mis ventanas se ve detrás del árbol, en el primer piso, la otra da a la calle desde donde hago la foto y no es posible verla. Esa noche habían dormido otros huéspedes, un matrimonio de cardiólogos colombianos para quienes la nieve resultaba tan exótica como su país para un noruego.
En la combi que me llevó al Parque daban a elegir si uno quería bajarse en alguna de las dos paradas anteriores al final y continuar a pie. Fui el único que optó por esta posibilidad, aunque no era para tanto el frío ni la caminata, me bajé en Bahía Lapataia y allí me dejaron solo. Gracias a esa decisión, y al hermoso paseo, pude conocer algunas de las partes más bonitas del Parque. De entrada me hice un autorretrato en el punto más fotografiado de Tierra del Fuego. Hay monumentos que ya parece como si su única razón de ser fuese que los turistas se fotografíen por delante de ellos: la Torre Eifel, la Estatua de la Libertad, la Puerta de Alcalá…, y éste, en su modestia, es el que corresponde al fin del mundo.
Durante el recorrido me acerqué a ver la ciudad de los castores, o Castorera, con sus muros bien blanquitos y sus aguas bien fresquitas. Esperé un buen rato con la esperanza de que saliese alguno a recibirme, pero luego me dijeron que cuando hace tanto frío se quedan en la cama.
También pude acercarme a la Laguna Negra, tan negra que parece azogada como un espejo, y se ve mejor el paisaje reflejado que directamente. Esta laguna está rodeada, o invadida, por una turbera protegida ecológicamente…, lógicamente, al estar dentro de un Parque. Aún no sabía que dos días después conocería una turbera explotada como una mina a cielo abierto.
También vi rincones hermosos, flora y fauna autóctona, ríos, montañas… En fin, lo que es un Parque Natural. La mayor singularidad de éste es que es el último que hay en el planeta yendo hacia el sur.
Al día siguiente, viernes, se pasó la mañana nevando sin parar y la tarde con amenazas continuas. Me comporté como si viviese aquí, por la mañana fui al super, al banco, a correos…, y después de comer me encerré a trabajar en mi habitación mientras veía tras los cristales una tarde de perros.
El sábado amaneció nevando y pensé que quizás no pisaría la calle. Pero de pronto sonó mi teléfono. Era un geólogo a quien he conocido por un contacto de Bs As que me llegó vía México. Me había invitado a una cena muy agradable en su casa a principios de semana, y ahora me llamaba por si quería acompañarlo a una turbera que tiene en explotación. Fue una experiencia estupenda, a pesar de que me nevó encima casi todo el día, y que me puse a trabajar un rato con los muchachos que tiene, lo que me ha supuesto un tirón en la espalda que hoy me tiene doblado, más aún de lo que acostumbro. Una turbera es un terreno pantanoso, una antigua laguna, en cuyo interior ha crecido más materia orgánica de la que se descompone. Esos cubos de materia que se arrancan directamente del suelo se usan sobre todo en jardinería y son como grandes ladrillos de adobe que se dejan secar.
Al cachorro de la foto lo llevé a mis pies todo el tiempo. Todos necesitamos que nos hagan caso pero no siempre sabemos agradecerlo cuando al fin ocurre. Tuve que pillarlo desprevenido y rápido para poder retratarlo desde abajo y que se le viese la cara.
Me ha gustado mucho el poema de Benedetti, querida Babs, y si lo había leído no lo recordaba. Pienso (con perdón) que necesitamos vivir como si fuéramos inmortales, porque empezar cada día con la idea de que es el último sería como si nos obligasen a bailar con los ojos vendados al borde de un abismo. También me ha hecho pensar esta otra frase que leí hace muy poco, del pensador (ese sí) Max Stirner: "Todo interés hace de mí, cuando no sé desprenderme de él, su esclavo, y no es ya mi propiedad, yo soy la suya".
Ya se me olvidaban otras dos cuestiones importantes de la semana: sigo mal del oído, pero como la única solución es tomar más antibiótico voy a esperar 2 ó 3 semanas para no acabar inmune al medicamento. La otra es que llevo toda la semana sin dar siquiera una calada a un cigarrillo, y espero seguir así.
Bueno, ya me he cansado de escribir. Creo que esta próxima semana me iré a vivir unos días ¿? al centro de la Isla Grande de Tierra del Fuego, a la más pequeña de las tres únicas poblaciones que hay en el lado argentino de la provincia, a un lugar llamado Tolhuin.
Copos de nieve
Meteoros acuosos
del mar celestial

domingo, 11 de mayo de 2008

Ushuaia

Me habría gustado conocer esta ciudad hace 34 años, la primera vez que quise venir hasta acá, cuando apenas era una villa con menos de 5 mil habitantes. Ahora es una población en continuo crecimiento. Creo que ni siquiera tienen muy claro cuántos habitantes hay, porque además varía un poco según la estación del año, alrededor de 50 mil, demasiado ya para mi gusto. Aunque, como decía Marta en uno de sus comentarios, parece todavía un pueblo. Sí, pero grande, extenso además, porque casi todas las casas son unifamiliares. Ella decía también que es difícil encontrar quienes sean nacidos aquí, de momento no he conocido a ninguno que yo sepa, y es algo normal si ha crecido tanto en las últimas décadas. Tengo ganas de tratar con gente nacida aquí, siempre tuve curiosidad de saber cómo sería el carácter de los argentinos nacidos en un clima parecido al de los nórdicos (¿y por qué no se les dice “súrdicos”?. A veces se les llama australes o meridionales, pero es incompresible para muchos. El gentilicio también es complicado, son ushuaienses) Conocí algunos puntarenenses de nacimiento, me parecieron bastante simpáticos pero es difícil saber, más aún en ciudades turísticas, cómo es el carácter de las personas si no pasas de tener un trato superficial. Además, allí son chilenos y he conocido de siempre a muy pocos, muchos menos que argentinos.
Llevo aquí ya una semana y prácticamente no he hecho nada. Bueno sí, leer. Me he picado con “Los mitos de la historia argentina” de Felipe Pigna, muy interesante para conocer la independencia argentina. ¿Independencia?... Los teléfonos son de Telefónica, el petróleo de Repsol, las aerolíneas de Marsans, la copa Libertadores (de fútbol) se llama también ahora Santander por el banco… La lista sería muy larga. Dos siglos después y lo fundamental ha cambiado poco, los argentinos siguen teniendo “vende patrias” en el fuerte (hoy Casa Rosada) y los españoles un Borbón en palacio. ¿Habrá soluciones? Puede ser que la única solución esté en llegar al “fin del mundo” (y en este caso no me refiero a Ushuaia), quizás sea el único camino para aplicar de verdad otros “principios”.
Además de leer, y escribir algunas cosas, he paseado por la ciudad y por la costanera al borde del Canal del Beagle. He tirado muchas fotos (que quizás algún día me anime a saber cómo las cuelgo en alguna de esas páginas de Internet). He visto muchas cosas que sólo conocía por haber leído de ellas, como el pato vapor, que nada mucho porque no vuela, o el cachiyuyo, planta que nace en piedras bajo el mar y crece hasta la superficie, muy útil para que los marineros controlasen dónde había poco fondo (es eso de la foto).
También hice una excursión andina. Me había quedado con ganas en Torres del Paine y aquí me subí caminando hasta el borde del Glaciar Martial. En la base hay una estación de esquí de una sola pista, con una “aerosilla” que ponen a funcionar en cuanto nieva, lo que aún no ocurre. Esa estación está a sólo 7 kms de la ciudad, por lo que se puede subir en taxi por apenas 3 euros, que es lo que hice. Hasta donde acaba la aerosilla es facilito subir, por la pista mismo, pero luego se empina y hay casi que escalar, algunos trozos sobre nieve. Hubo un momento que me preocupé, porque al principio había un cartel que aconsejaba no subir sin guía y no veía un alma por los alrededores, pero cuando estaba arriba comprobé que no era el único en hacerlo sin guía y me quedé más tranquilo. Bueno, me quedé un ratito, porque hacía viento frío y caía un poco de nieve. Hice estas fotos, al norte la pared con el glaciar, y al sur una vista espectacular del Canal del Beagle con Ushuaia en la orilla. Me resultó más duro bajar que subir, y ya puestos seguí hasta el hotel andando, por lo que he pasado los dos días siguientes moviéndome muy poquito.
Bueno, ya me cansé de escribir y, además, hoy no estoy con ánimos. Ayer me anunciaron la muerte de un amigo de México a quien quería mucho, y al que hacía años que no veía. Mi compadre de Andorra vuelve a estar internado por otra operación más. Yo no sé aún muy bien qué hacer con mi vida en las próximas semanas, y me siento ahora mismo solo y un poco perdido en el fin del mundo… (Todo esto también forma parte importantísima de mi vida tan lejos)
He visto que los principales poetas que hicieron haikus en español no seguían la regla de 5-7-5 sílabas. Da igual, me gusta la regla. Hace pocas semanas ni siquiera sabía lo que era un haiku, me gustó y empecé a pensar en ello en los viajes o las caminatas, como quien hace sudokus. Ahora, de pronto, hay momentos que veo haikus sin pretenderlo. Gracias Haiku, no dejes tus comentarios, los colecciono.
Noche helada
Preso en la Cruz del Sur
Dimas tirita

domingo, 4 de mayo de 2008

Punta Arenas, Puerto Natales, Torres del Paine, Ushuaia. 1001 kms

No es que sea tan preciso contando kms, al contrario, como me pareció que serían unos mil…, pues mil uno. Supongo que esta semana habré hecho bastantes más, pero los del interior del Parque Torres del Paine son difíciles de calcular (sólo hasta la entrada hay 112). Ir a ese gran espacio protegido, Reserva de la Biosfera, fue casi el único motivo que me impulsó a pasar por Punta Arenas. Durante mucho tiempo tuve una foto de las Torres como salvapantallas y deseaba verlas en persona. Conocía bastantes imágenes del Parque y no me ha decepcionado en absoluto, la única decepción es cómo fui… Voy por partes…
En Punta Arenas pasé un fin de semana y fue suficiente. Lo único interesante fue aquel concierto muy español de la coral chilena. Punta Arenas conserva su antiguo esplendor; es la mayor ciudad de la región austral del continente, aunque a este paso acabará por serlo Ushuaia. Son ciudades que han crecido gracias al turismo, pero en Chile resulta todo más caro sin que ofrezca mejores servicios, la mayoría de las cosas cuestan más que en España. Además, Punta Arenas no es una ciudad especialmente bonita ni está bien cuidada. Bulliciosa para su tamaño, el centro está lleno de comercios y hospedajes, y se ven por las calles bastantes borrachos errabundos que no sé cómo se las arreglarán cuando llega el crudo invierno. Creo que a Punta Arenas no iría mucho turismo si no fuese el camino habitual para ir a Puerto Natales.
Puerto Natales sí está en un paraje singular, a la orilla de uno de esos laberínticos fiordos que forma el Pacífico en el sur de Chile. Ciudad pequeña, llena también de hospedajes, comercios y agencias excursionistas, pero bien cuidada y atenta al turismo. El hostal en el que pasé tres noches tenía como peculiaridad esa decoración que muestro en la foto. La dueña dedicaba su tiempo de ocio, que en invierno debe de ser bastante, a la confección de muñequitas en telas brillantes que lo mismo sujetaban una lámpara que un espejo, o se incrustaban en un marco. En todas las habitaciones había varias, y unas cuantas más en pasillos y salas comunes. Sólo estábamos cuatro huéspedes, y los otros tres eran trabajadores de fuera que hacían una obra en la ciudad. Resulta gracioso imaginar a rudos obreros o pescadores durmiendo en habitaciones así decoradas.
A Natales llegué lunes noche, no encontré ninguna excursión a Torres del Paine para el día siguiente y lo dediqué a buscar la mejor manera de ir. Finalmente, lo más aconsejable era en una furgoneta cargada de turistas. Intento siempre huir de ese tipo de excursiones pero no me quedó otra. El lugar es impresionante…, sobrecogedor para quienes amamos las montañas…, lagos, ríos, cascada, glaciar, estepa…, en torno de un macizo montañoso, independiente de los Andes, que muestra paredes de rotunda verticalidad. Uno de los lugares más famosos entre escaladores de todo el mundo. Yo también “escalé”, a mi asiento en la furgoneta unas cuantas veces. Salvo un par de paseos, todo lo demás fue: baja, foto, sube… Es posible quedarse a dormir en el Parque, hay refugios, bastante caros, y algún camping. Pero como pensaba pasar de vuelta por Punta Arenas había dejado allí la mochila grande, con el saco de dormir, ropa… Es un sitio para recorrerlo andando…, quizás en otra ocasión. (En una de las paradas nos esperaban dos zorros para pedirnos comida, como cuenta Marta, y son tan pequeños que no pueden con una oveja, apenas con corderitos si se atreviesen)
Al volver a Punta Arenas decidí hacerlo en dos etapas y paré en un pueblecito que había visto a mitad de camino: Villa Tehuelches. Los tehuelches eran la tribu más importante que poblaba Patagonia, los patagones en sí. Durante mucho tiempo se ha dicho que Magallanes los nombró patagones porque eran muy altos y tenían los pies muy grandes, pero se tiene cada vez más claro que el nombre provenía de una tribu de ficción mencionada en una de las novelas más famosas de aquellos años. Los tehuelches fueron exterminados y, como es lógico, en la villa citada no queda ni uno. Pasé un buen rato de charla con el dueño de la única tienda, di un paseo por el pueblito, muy limpio y decorado (con apenas 100 habitantes tiene centro público de Internet) y dos horas después de llegar proseguí mi camino en otro bus.
Al día siguiente, viernes, salí para el fin del mundo: Ushuaia. Entre Punta Arenas (Chile), en la orilla continental del Estrecho de Magallanes, y Ushuaia, al sur de la Isla Grande de la Tierra del Fuego, apenas hay 500 kms de distancia pero se tarda unas 12 horas, entre el transbordador que cruza el estrecho, el paso de fronteras y un buen trozo del lado chileno que todavía está sin asfaltar. Llegué tarde y hacía frío. Como hasta la noche anterior no sabía bien cuándo llegaría, me vine sin reservar ningún hotel. Pregunté a la taxista por la Posada que me recomendó Marta pero, entre que no sabía bien y otras peregrinas razones, acabé en un típico hostal de mochileros. Esa misma noche busqué en Internet la dirección de la Posada del Fin del Mundo y a la mañana siguiente me acerqué a preguntar si tenían habitación. La casa es muy bonita, puesta con buen gusto y, además, resulta que la habitación individual me sale algo más barata que en el hostal mochilero. Para colmo, ahora mismo soy el único huésped. Y aquí estoy, domingo 4, día de la madre en España, solo en toda la casa porque Ana, la dueña, se ha ido a comprar y hoy no viene la "mucama"; escribiendo esta nota en el salón, frente a un ventanal que me muestra las montañas nevadas como si fuese un gran póster, con muchos cables eléctricos por en medio (característica de la ciudad, en todas las fotos que he hecho por las calles hay cables). No me extraña que los de fuera no se quieran ir, Ushuaia es un lugar que engancha.
La semana pasada no puse ningún haiku porque los escribo en papelitos durante los viajes, y no recordaba dónde lo había puesto ni ganas de buscarlo en ese momento. La estructura de 5-7-5 sílabas que cuenta Anais la había visto en Internet, pero luego vi muchos escritos sin esa regla y pensé que sólo era en japonés. En todo caso me parece mejor aún y, como en el estilo original, que siempre haga referencia al clima y las estaciones. Por cierto Rafa Haiku, ¿se acabaron tus buenas frases y profundos pensamientos? Me gustan mucho, espero que sigas colaborando. Como dice mi hijo, lo que se escribe en estas páginas no es que sea “filosofía barata” ¡es que es gratis!... Para compensar el haiku que faltó la semana pasada…
Viento pampero
El cuello del guanaco
se bambolea

Triste otoño
Lágrimas oxidadas
hollín de hojas

domingo, 27 de abril de 2008

Camarones, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos, Punta Arenas. 1393 kms

Entre los viajes y los antibióticos acabé la semana agotado. El lunes, cuando sólo me quedaban tres pastillas y el oído seguía taponado, pasé otra vez por el hospital de Camarones. Ese día se había incorporado la doctora, su sustituto me atiborró de antibiótico sin resultado, ella recomendaba que fuese de urgencia al hospital de Trelew, pero como ya no había colectivo hasta el miércoles y no sabía si alguien me llevaría, aconsejó que entre tanto aspirase vapor y soplara sin soltar el aire. Con eso, tras varios intentos, se me destapó el oído después de casi dos semanas. El martes decidí marchar a Comodoro, acudir a un otorrino y seguir viaje. Para ir en autobús a esta ciudad desde Camarones es necesario volver a Trelew, otros 260 kms al norte para luego hacer más de 500 hacia el sur, merecía la pena esperar a que alguien me llevara. Llegué el jueves por la tarde con uno de los armadores que frecuentan el hotel, fui directamente a la clínica llamada Sociedad Española (la que me aconsejaron, sin nacionalismos) y al día siguiente me vio la “otorrina” (como la llamó una enfermera) diagnosticó una otitis y me recetó una inyección de corticoide más otras 3 tomas de un antibiótico potente.
Ese día, viernes, además de la visita médica lo pasé dando vueltas por Comodoro, la ciudad petrolera del país, sin ningún encanto especial. Al comenzar el siglo XX se fundó la pequeña población a partir de una estancia, pero en 1907, perforando un pozo en busca de agua, escasa en la zona, apareció petróleo y cambió en pocos años la vida del lugar. Hoy es la ciudad más habitada del sur argentino. La llaman la capital del viento, aunque por suerte no me tocó. Hay bastantes militares (los de la foto están en pleno centro, junto a la iglesia, como tantas veces sucede) y tiene un puerto importante al que no me dejaron pasar. Pregunté si podía acercarme a otro estrecho dique que hay enfrente, lleno de aves marinas, y mi informante dijo que ni se me ocurriese porque están anidando y me atacarían, así que tuve que contentarme con verlas desde lejos.
Esa noche estaba cansadísimo cuando me subí al ómnibus que me llevó a Río Gallegos. Además, no era tan cómodo como en el que viajé a Madryn, hay bastante diferencia entre lo que llaman coche cama y semi-cama. Al principio el trazado de la ruta va en paralelo al mar, y durante un buen rato disfruté de los ¾ de luna que se alzó por su horizonte. Después dormí profundamente hasta que, al abrir los ojos sobre las 4, observé que viajábamos bajo una recia tormenta de agua y viento, sobre una carretera llena de baches y sin ninguna línea marcada. No es que llevase miedo, pero ya no pude dormir aunque lo intenté. Se veía impresionante desde mi asiento encima del conductor (ya siempre pido esa plaza, que por lo visto es la que menos quieren ocupar). Hicimos muchos kms de tormenta, pésima carretera y ni una población. Es inevitable pensar que en un accidente por estas zonas sólo puedes confiar en la suerte, porque cuando llegases a un hospital habrían pasado muchas horas.
Entré en Gallegos cuando amanecía y decidí tomar el último transporte a Punta Arenas, a las 13 horas, para que me diese tiempo a ver un poco la ciudad. Me habían dicho que es fea y sin embargo me gustó. Tranquila, llena de casitas bajas de agradable arquitectura, con las fachadas blancas o crema pero con los techos de chapa pintados en colores llamativos. El taxista que me llevó a la ría es porteño y charlamos desde que me subí. Me contó que había emigrado porque allí se gana el triple que en la capital, te gastas menos y al final haces más vida social al encontrarte fácilmente con la gente que conoces. Caminé un rato, no paraba de lloviznar, el típico calabobos que como es lógico a mi también me empapó. Cuando llegué al centro pasé delante de una empresa dedicada a la producción visual, vi a un barbudo dentro y me metí. Pasé las dos horas siguientes charlando con él, dueño del negocio, y viendo algunos de sus trabajos. Fue un tiempo interesante y quedamos en que lo visitaría cuando pase otra vez por Gallegos camino del norte.
La geografía de esta zona cercana al estrecho es un poco diferente. En el suelo hay más brotes de hierba y muy poco matorral. Su horizonte ya no es tan “horizontal” como más al norte, donde los 360º son una línea recta, como si estuvieses en una balsa en medio del mar. Siempre pensé que el Estrecho de Magallanes era todo él mucho más estrecho, pero la Tierra del Fuego se ve bastante lejos. Pasar fronteras en autobús es siempre una pesadez, papeleo, baja y sube equipajes… En una de las paradas atravesó con parsimonia un zorro delante de la gente y los autos. Después vi muchos carteles por la ruta que pedían protegerlo, en cambio apenas se veían ovejas sueltas por el campo, la mayoría estaban encerradas juntas en espacios cercados. Supongo que si se protegen a los zorros no queda más remedio que proteger también a las ovejas.
Llegué a Punta Arenas una hora antes de anochecer, sábado. En la Terminal hay unas cuantas personas que te abordan para llevarte a su hostal. Dejé que me llevase un joven que me convenció, con el argumento de que era un sitio muy tranquilo y lo tenía casi vacío. Al llegar no había nadie, me dio las llaves de dos candados, uno de la verja de entrada y otro de mi habitación, y se fue. Al rato salí sin que hubiese nadie, busqué un cajero donde sacar dinero chileno y volví para pagar. Seguía sin haber nadie. Salí a dar un paseo y al volver estaba la madre del joven. Dijo que me comportase como si estuviese en mi casa. Anoche al volver no vi a nadie, ahora llevo unas horas escribiendo esto en una salita y creo que me han vuelto a dejar solo. Es como una casa de familia pero en hostal. Anoche, cuando salí a cenar, me encontré con la casa de España y un cartel que decía Tasca. Entré con la intención de comer algo y me encontré con que una coral daba un concierto de canción española. Toda la 2ª parte eran Zarzuelas típicas madrileñas y llegué a emocionarme un poco. Al hablar con un descendiente me presentó al Vicecónsul de España y al presidente de la Sociedad Española. Por como me presentó, entendieron que quería hacerles una entrevista y me citaron hoy a la salida de misa, pero no tengo ganas de acudir.
Bueno, ya está bien, hoy me he puesto más rollo que de costumbre, pero lo mismo que esto va por semanas también va por días, y los hay espesos. No puedo con una palabra más y supongo que tú tampoco.

sábado, 19 de abril de 2008

La Australia Argentina

En las dos últimas semanas he leído un libro titulado así. Lo encontré buceando en la biblioteca porque aquí no hay dónde comprar uno. El libro en cuestión está escrito en 1898 por R. J. Payró, periodista al que un diario de Bs As envió de viaje en el buque histórico Villarino. Recopiló información muy curiosa sobre la colonización de la costa patagónica hasta Tierra del Fuego, y en lo que insiste hasta la saciedad, y lo que quiero mencionar, es sobre la injusticia y la inoperancia de los gobernantes hacia estas tierras abandonadas. Les interesaba que se poblasen y anunciaban grandes beneficios, pero luego llegaba el politicón de turno y regalaba, con escrituras legales, miles de hectáreas ya pobladas a otro oligarca que no vendría nunca. Ese problema, y otros similares, han marcado el retraso y colonización de esta zona tan rica en recursos. Al hablarlo con gente de aquí se me ocurrió opinar que la corrupción es un problema típico de los países que han sido colonia durante mucho tiempo. Entonces alguien sacó el ejemplo de Australia, colonia poblada al principio por presidiarios y prófugos que acabaron por hacer un país muy productivo. Quien dijo esto añadió que el problema de acá eran los argentinos (sus paisanos), y yo reconocí que en todo caso el problema de esta colonia es que lo era de España (el país de los míos). Como ya comentábamos en el primer post de este blog, mejor será que admitamos nuestro defectos heredados, sólo así podremos quizás cambiar alguno. En México cuentan lo que llamo un “chiste axiomático”. Dicen que el gran traidor a la patria fue el General Santa Ana; la mitad del país piensa que lo es por vender a los yanquis todo lo que hoy es el oeste de USA, y la otra mitad lo piensa porque no vendió el resto de México. Luego, a fin de cuentas, nos sentimos orgullosos de ser hispanos, aunque sólo sea porque inevitablemente no somos de otro sitio. Hasta aquí el comentario histórico-político de la semana, ya sabéis que me gusta…, y a veces no se me ocurre nada interesante que contar.
La vida por acá, en el culo del mundo como dice Silvi (y diría cualquier porteño), todavía hoy sigue siendo muy dura; cuesta imaginar cómo sería para los pioneros. Hoy estuve hablando con unos franceses que se vinieron de aventura. Habían contratado un pequeño velero con base en Camarones que les llevaría durante 10 días a lugares deshabitados. Los dueños del barco me invitaron a unirme al grupo pero, aunque me parecía una experiencia interesante, había establecido varios compromisos en el pueblo y me parecía demasiada temeridad dormir en una pequeña tienda de campaña con el tiempo que hacía. Los franceses me han contado que ha sido durísimo, soportaron varias tormentas de granizo metidos en su tienda, vientos que les impedían navegar o pasear y varios días sin poder lavarse. La única buena experiencia es haber visto muchos animales de cerca; pero a mí los animales me dicen poco, ni aunque hablen mi idioma, salvo que pueda jugar con ellos, lo que no es el caso con pingüinos o lobos marinos. Me contaban que han estado en sitios antiguamente poblados por casi esclavos que recogían algas o guano. Y recordé una historia que me contó el guardafauna de la pingüinera. Unos 40 años atrás estaba de encargado en una isleta perdida donde unos 20 trabajadores recolectaban guano; en una ocasión tardó varias semanas en volver el barco que les llevaba suministros, por el mal tiempo, y hartos de comer únicamente pechuga de pingüino los trabajadores lo hicieron culpable y quisieron tirarlo al mar. Dos chilenos se pusieron de su lado y cuchillo en mano consiguieron mantener a raya a los demás hasta que llegó el barco. En tierras inhóspitas la vida se resuelve así, y es dura siempre, incluso hoy día en Camarones. Baste recordar los kilómetros que hacen para ir a comprar, por ejemplo pintura que aquí no encuentran.
Esta semana ha estado marcada por el taponamiento de oído. Finalmente fui al hospital para que me viesen y resultó que la infección venía de la garganta, aunque yo ahí no notaba nada. Me han dado antibióticos como para caballo, que me voy tomando obedientemente. Tengo pensado marcharme el martes, aunque lo mismo sigo el consejo de buenas amigas y espero unos días más para ver cómo evoluciona el muro auditivo, por lo menos aquí estaré bien atendido. Bueno, a pesar del oído, esta semana he grabado también entre otras cosas varias actuaciones, a los grupos locales de danza y de cumbia, con quienes me retraté como recuerdo.
En cuanto a nuestra pequeña disputa sobre si la yerba mate quita el sueño, acá dicen también que lleva cafeína sólo que al ser poca te acostumbras rápido. Ya no me quita el sueño pero lo que no llego todavía es a identificar marcas. Buenas o malas me saben igual. Cuando el sábado pasado fui a Madryn entré en el Carrefour (esa “encrucijada” está ya en todos los caminos) y me sorprendió la variedad de marcas de yerba que tienen, casi más que de chocolates. Como curiosidad de ese Carrefour: Fui a comprar cintas miniDV, sólo tenían una cajita de 6 guardada bajo llave en vitrina de cámaras y móviles. El empleado me hizo un vale, pasé por caja y volví a que me las diese. No me extrañó tanta precaución, aquí son un artículo de lujo que cuesta más que una comida.
Agradezco a tod@s l@s “comentaristas” su buena información y palabras de aliento. No abandonéis este humilde blog, por favor, saber que estáis ahí es lo que me anima a seguir escribiendo. Aquí dejo otro posible haiku, como amenacé.
Se acerca el frío
y avanzo solo
con paso de pingüino.

domingo, 13 de abril de 2008

El viejo Torino

Hoy no tengo muchas ganas de escribir y me ha costado ponerme a ello, pero seguro que en cuanto entre en carrera me extenderé como siempre. He debido pillar una infección en los oídos, sobre todo en uno, y cuando hablo siento como si tuviese las cuerdas vocales dentro del cráneo. Empezó hace unos cuatro días, coincidiendo con la llegada del frío, no he llegado a sentir dolor pero es un taponamiento que no se abre ni con soplidos encerrados. Ayer, aprovechando que fui a Puerto Madryn, compré unas gotas con antibiótico y hoy parece que voy mejor. Ya veré la próxima semana. Aquí hay un pequeño hospital, que donaron unos estancieros sin descendencia de origen alemán, o no sé si suizos, y algunos dicen que fue un escándalo más porque el dinero habría dado para una clínica de lujo. Creo que sólo hay una doctora titulada, pero hay quienes opinan que es más bien veterinaria, supongo que como suele pasar son rumores de las malas lenguas, ya se dice que pueblo pequeño infierno grande, pero si me pongo peor, y por si acaso, iré a que me vean en la ciudad de Comodoro. El caso es que hoy mi cabeza es más una caja de resonancia que el lugar desde donde se piensa.
Ayer, como decía, estuve en Madryn, una de las ciudades más cercanas a este pueblo, a más de 300 kms; hay otras dos a unos 70 kms menos, pero ya puestos qué más da. Acompañé a la dueña del hotel, y su hija más pequeña, que necesitaban comprar los suministros del restorán. Representaba un paseo agradable, aprovechar para comprar yo también un par de cosas y, sobre todo, convivir con gente que me cae muy bien. Aquí les sorprende que a mí me sorprenda el hacer 300 kms para ir a comprar. La señora (llena de vitalidad a los 50, que ha tenido 6 hijos ya mayorcitos y que trabaja en cualquier oficio como pocas veces he visto), a menudo viaja para estar unos pocos días con su familia en La Pampa. ¡1200 kms de carreteras angostas, mal mantenidas y frecuentadas por camioneros somnolientos! No lo hacen porque les guste conducir, simplemente porque lo ven normal y porque no les queda otro remedio. Ir a determinados sitios en transporte público supondría hacer otros 500 kms más.
De esta jornada en Madryn sólo quiero destacar dos cosas. Una es que la prolongada huelga del campo ha llevado a un aumento de precios, en determinados alimentos, que resulta escandaloso para economías tan ajustadas. A río revuelto ganancia de pescadores. Ahora habrá quienes aprovechen para retener productos y ganar más con ellos. Lo sorprendente es que hay mucha gente que considera a los Kirschner de izquierdas, por su relación con los Montoneros, escisión del populismo peronista, en el que aún dicen militar. Es como cuando Santa Evita (me gustan mucho tus comentarios Marta) atraía a los “descamisados” dentro de sus abrigos de pieles, o a las “cabecitas negras” detrás de su cabellera rubia, o decía aquello de que “la violencia de los pobres sólo es justicia” ocultando los ardides represivos de su marido, al fin y al cabo militar de carrera. Pienso (con perdón) que el peronismo es una de las contradicciones políticas más curiosas de estudiar (y que más están durando).
El otro aspecto que quiero destacar de este viaje a Madryn es que a la vuelta nos cayó una nevada impresionante que duró unos 100 kms, por lo que tardamos mucho más que a la ida. Menos mal que aquí los viajes se hacen a base de mate, que acompaña la conversación y ayuda a pasar mejor el tiempo. Acá la función de un copiloto es fundamentalmente cebar mate. Por suerte mi organismo se va acostumbrando y ya duermo mejor. Al principio de matear diariamente me costaba dormir, como si tomase café que no suelo tomar. El caso es que llegó el invierno sin pasar por el otoño, no deja de soplar el viento y el frío es ya notable. La próxima semana saldré para el sur, antes de que me sea más difícil llegar a Tierra del Fuego, aunque tendrá que ser a finales porque tengo aún varios compromisos.
Me sentiré triste cuando me vaya. Mi estancia en Camarones ha sido una experiencia hermosa. Por cierto, hablando de estancias, el miércoles pasé la tarde en una muy bonita, y la cena allí, con su gente, fue una noche inolvidable sin necesidad de que pasase nada especial, sólo una larga conversación divertida y sencilla. (Una estancia es un rancho o granja, por aquí con muchos cientos de hectáreas, donde pace a sus anchas el ganado, en Patagonia mayormente ovejas) No sé si por el camino volveré a encontrar un hotel como el Viejo Torino, ojalá. La familia que lo lleva son divertidos y entrañables, los clientes habituales también; algunos se alojan en el otro hotel más elegante, pero sólo van para dormir y pasan su tiempo en el comedor de éste, que es donde está el buen ambiente. Lo echaré de menos, pero viajar es acumular añoranzas.
Y ya para terminar quiero dirigirme al Rafael de los comentarios. Aunque sin confirmar, estoy cada vez más convencido de tu identidad, que respeto en el anonimato, y me alegra que aportes profundidad a este blog, como también hiciste siempre en nuestras conversaciones. Esta vez he aprendido gracias a ti qué es un “haiku”, pues lo desconocía pero por suerte tenemos esa Red que lo contiene todo. Estoy feliz con este descubrimiento, el haiku es un tipo de expresión muy cercano a mis gustos. Me gusta tanto que he pensado acabar cada post con un haiku de cosecha propia. Ahí va el primero con humildad de principiante:
Cae triste la noche.
Sobre mi sombrero escucho crepitar
sus lágrimas de obsidiana.

domingo, 6 de abril de 2008

Vientos de Patagonia

El miércoles de esta semana también fue “feriado” en Argentina. Esta vez se conmemoraba la Guerra de las Malvinas, y a mí por lo menos me suena tan raro como lo de conmemorar el golpe de estado. Recuerda a esa antigua canción de Les Luthiers que se llamaba Himno a la Derrota. Al final coreaban triunfales: ¡Perdimos! ¡Perdimos! ¡Perdimos otra vez!
Si alguien no ha escuchado nunca a este grupo argentino le recomiendo que busque algo, sobre todo donde se los vea. Son cinco grandes talentos (antes seis, murió uno de ellos) que al unirse dieron forma a un genio. Quizás los muy jóvenes de ahora no los vean igual que cuando yo lo era. A mí todavía me hacen reír incluso en los días tristes.
He comentado con varios argentinos mi extrañeza por estas dos “conmemoraciones” y la respuesta es unánime: deberían ser días de luto pero son un buen pretexto para tener más “feriados”. Este miércoles estuve grabando casi todo el día, pero cuando estoy empleado por empresarios me parece muy bien cualquier pretexto para no ir al trabajo. Seguramente si fuese empresario pensaría distinto, pero es más bien que si pensase distinto sería empresario.
Esta semana he trabajado bastante. El lunes pasado volví a la pingüinera para grabar al guardafauna, pero no grabé más pingüinos porque tenía prisa quien me había llevado y porque hacía demasiado viento. Ese problema lo tuve los dos días que he ido y la cámara vibra en casi todos los planos. Me gustaría volver en esta semana pero ya no sé si los encontraré allí. Siempre imaginé a los pingüinos encima del hielo, pero si no les gusta el calor tampoco el frío, y resulta que en estos días emigran hacia el norte a buscar aguas más cálidas. Por otra parte, quién sabe si el día que decida ir hará menos viento, lo hace todos los días y algunos, como hoy, no apetece ni salir. De hecho cuando está así ni los barcos salen a pescar. Uno de estos días aproveché para grabar en uno de ellos, de ahí la foto, desde luego no lo piloté, ni siquiera navegué, quise hacerlo pero los de la prefectura controlan diariamente que sólo zarpen quienes tienen los permisos en regla, y hacerlo es un lío en el que prefiero no entrar. Simulo que llevo el barco porque el armador insistió en sacarme así la foto, pues yo le había pedido a él la misma simulación. Llaman armador al que lleva la logística del barco, no se trata del constructor sino de quienes los “arman”, y suelen ser antiguos capitanes.
El hotel está ocupado por estos armadores, y algún turista de vez en cuando que pasa sin dejar rastro. El viernes y sábado estuve ayudando a la dueña del hotel a cerrar una "galería" que tiene en la entrada de su casa. Y lo está haciendo ella sola (viuda) con ayuda de su hija más pequeña, porque los otros dos tienen que estar en el hotel. Propuso en el comedor que quien no tuviese nada que hacer le echase una mano y me ofrecí para la instalación de luz. Luego hubo cachondeo entre los huéspedes, con quienes tengo ya confianza, porque la dueña es tan trabajadora que tiene fama de hacer trabajar a todos en cuanto te descuidas. Quienes me conocen bien en ese sentido saben que yo disfruto con este tipo de trabajos esporádicos, me producen especial satisfacción y despiertan mis atrofiados músculos, pero a ellos les di otro razonamiento: la diferencia entre un turista y un viajero es que este último trata de integrarse, y la mejor manera es a través de la colaboración y la convivencia con los naturales. Espero que nadie saque otro tipo de conclusiones, no hay más interés que la voluntad de corresponder al buen trato que me han dado.
Sigo sin contar nada concreto de Camarones pero ya lo haré. La semana pasada decía que a lo mejor me quedaba dos semanas más, pues ésta digo lo mismo, a lo mejor me quedo aún dos semanas más. Lo decidiré sobre la marcha. Tampoco lo atrasaré ya más, porque aquí ha comenzado el frío y quiero llegar a Tierra del Fuego antes de que se haga más intenso. La intención fue siempre vivir allí la entrada del invierno.
Esta semana eché a faltar los comentarios de nuestros amigos argentinos, espero que no se hayan sentido molestos con ninguna de mis observaciones y que se animen a seguir colaborando en estas crónicas sobre su país. Sí hay una nueva colaboración que quiero mencionar aquí. Se llama Rafael y firma con un apellido que desconozco. Quizás sólo quiera mantenerse en el anonimato, pero si nos conocemos no tengo duda de quién es, sólo conozco un Rafael que tenga en la cabeza una gran colección de buenas frases. La de esta semana me ha gustado mucho y me ha hecho pensar: También es mago (o quizá más bien brujo) quien puesto sobre una silla, o sobre un palo, es capaz de “ver” y tenerlo todo sin una sola palabra. Si eres quien pienso conoces bien a qué me refiero.